sábado, 9 de enero de 2016

El perfecto cuentista

Imagen: Diario Cultura
Desde las primeras lecturas hemos comprobado que los autores buscan en sus vivencias, sucesos interesantes que sean dignos de ser contados. Sus experiencias son fundamentales para la construcción de historias felices, dramáticas, extraordinarias o desdichadas. Como el caso del escritor uruguayo, Horario Quiroga, quien no dudó en hacer de sus tragedias, sus obras.

La primera vez que vio la silueta de la muerte fue en su adolescencia, al observar el dramático final de su padrastro quien decidió suicidarse apretando el gatillo de una escopeta. También, estuvo presente en la muerte de sus hermanos, víctimas de la fiebre tifoidea. Sin embrago, no fue hasta su etapa de escritor cuando decide narrar estos imborrables episodios en su libro 'Decálogo del perfecto cuentista'

Años más tarde, luego de retornar de París. Quiroga se reúne con su amigo, Federico Ferrando, quien le comenta el mal momento que viene pasando por las constantes críticas del periodista Germán Papini, pero del cuál se vengará porque lo ha retado a un duelo. Quiroga, preocupado, se ofreció a revisar el arma antes del enfrentamiento, pero, inesperadamente, se le escapó un tiro que impactó en la cabeza de su amigo, matándolo instantáneamente. 

El escritor uruguayo determinó que lo mejor sería irse a vivir a la selva y escapar de la desdicha. Se enamoró de su alumna, Ana María Cires, quien sirvió de inspiración para la etapa de mayor productividad romántica del cuentista. Tuvo dos hijos y se dedicó a la vida campesina junto a su nueva familia. Sin embargo, nuevamente vio la silueta de la muerte, cuando encontró a su esposa sin vida luego de beber cianuro. Esta trágica experiencia lo inspiró a publicar 'El destierro'.

En 1937. Quiroga comenzó a experimentar molestos síntomas relacionados a una enfermedad prostática. Al intensificarse los dolores, su segunda esposa, la joven María Elena Bravo, lo abandona dejándolo solitario y enfermo. El inminente traslado del poeta al prestigioso Hospital de Buenos Aires sólo sentenciaría su mal, confirmando que se trataba de un cáncer de próstata avanzado e inoperable. Desesperado por la angustia de no poder recuperarse, decide suicidarse frente a su compañero de hospital, bebiendo un vaso de cianuro y abreviando así su dolor.

2 comentarios:

  1. El karma lo mató. Muy trágico

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    1. Así es 'A la firme'. Horacio Quiroga no dudó en hacer de sus tragedias, sus obras. Saludos.

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